Actualización Norma UNE 100030 2017 de Prevención de Legionelosis

La Asociación Española de Normalización (AENOR) ha publicado la nueva norma UNE 100030:2017 sobre Prevención y Control de la Proliferación y Diseminación de Legionella en instalaciones.

Como novedad más destacada, la Norma permite el uso de métodos de detección de Legionella alternativos al cultivo, siempre que cumplan con unos requerimientos técnicos específicos, como es el caso de  Legipid®: http://bioti.ca/2oPdG13

Durante más de dos años y medio, se ha reunido un Comité técnico formado por un grupo de expertos en prevención de Legionella junto con las asociaciones empresariales del sector ANECPLA, FEDECAI, AQUA ESPAÑA, ATECYR,…

La nueva Norma podrá complementar el Real Decreto 865/2003, de 4 de julio, por el que se establecen los criterios higiénico-sanitarios para la prevención y control de la legionelosis.

Desde las asociaciones empresariales está previsto realizar una seria de jornadas técnicas para la difusión y explicación de la nueva Norma. Siendo la primera de ellas, el 11 de Mayo en Madrid: http://www.aquaespana.org/eventos/jornada-tecnica-sobre-el-nuevo-marco-tecnico-establecido-con-la-version-actualizada-2017-de

Para disponer de la Norma pueden dirigirse a la dirección web de AENOR: http://www.aenor.es/aenor/normas/normas/fichanorma.asp?tipo=N&codigo=N0058186&PDF=Si#.WPXuYYXuIZR

Muestras no concluyentes de un hospital se consiguen resolver con Legipid

En la imagen podemos ver una muestra de agua de la ducha de un vestuario de un quirófano de hospital: como se puede ver, aparecieron hongos interferentes que dificultaron la interpretación de los resultados positivos de cultivo en una placa (10-12 días). La fácil implementación de Legipid® resolvió el problema. La misma muestra fue positiva y cuantificable por Legipid® en solo 1 hora y días más tarde confirmada también por PCR (inicialmente fue PCR negativa, el ADN se consiguió detectar sólo tras aplicar tratamientos a la muestra). Esta técnica basada en la separación inmunomagnética ayudó a prevenir la legionelosis en medios sanitarios. La tasa de resultados no concluyentes cayó a cero.
Si estás interesado/a en mejorar la prevención en tu hospital, podemos contarte nuestra experiencia.

Más info en: http://bioti.ca/2nT1Xjo

El misterio del Hotel Bellevue

La experiencia constata la necesidad de un brote muy grande de legionelosis para centrar la atención del investigador y otros recursos en averiguar la causa de una enfermedad infecciosa nueva, cómo combatirla y cómo prevenirla, porque los casos esporádicos a menudo pasan desapercibidos.

Hoy en día seguimos aprendiendo lecciones a golpe de brote sobre la enfermedad del legionario. En una situación de brote nos vemos obligados a atrapar información que se nos escapaba y cuando la encontramos, generamos conocimiento. Y cuando este conocimiento se comparte con el colectivo y se incorpora en la sociedad, deviene sabiduría.

Del brote de Manzanares, con más de 250 afectados, aprendimos la utilidad de las técnicas rápidas como la separación inmunomagnética, para gestionar las primeras 48 horas del brote, y su papel en reducir la exposición de la población mediante la identificación temprana de focos sospechosos. Pero 40 años antes de este brote, ya sabíamos que para aprovechar estos golpes y seguir aprendiendo de ellos, es importante la figura de un investigador con conducta compulsiva sobre la revisión reiterada de sus notas y su trabajo.

Este es el fascinante caso de Joseph McDade en el brote de Philadelphia. Que Joseph McDade tuviese el deseo vehemente de revisar su trabajo cada año en las vacaciones de Navidad, es lo que nos permite escribir ahora este post, 41 años después. ¿Qué quién es Joseph McDade? McDade, que ahora tiene 77 años y sigue vivo, es “el padre” de Legionella pneumophila.

POST011-McDade foto

Joseph McDade, quien resolvió el misterio de la enfermedad de los legionarios en el Hotel Stratford Bellevue, en 1976

Empecemos diciendo que la serendipia es un término no aceptado por la Real Academia Española, que designa a los “hallazgos obtenidos al azar cuando se estaba buscando una cosa distinta”. En la ciencia, la serendipia funciona. Pero lo hace generalmente cuando la naturaleza del investigador es compulsiva, como decíamos antes. Porque la habilidad para darse cuenta del hecho azaroso y aprovecharlo, es consecuencia muchas veces de la necesidad de revisar el propio trabajo, una y otra vez, no sabemos si probablemente para satisfacer una tensión interna o la insoportable quemazón de la duda no resuelta.

En 1976, McDade era un hombre de 36 años recientemente contratado por el CDC (el Centro para el Control de Enfermedades) de Atlanta y experto en Ricketssia. Y se vio inmerso en la investigación de campo más grande en la historia de esta institución, para resolver el misterio de una enfermedad que se había llevado por delante a más de dos docenas de legionarios en una convención del Hotel Stratford Bellevue en un caluroso mes de julio de aquel año. Lo cierto es que McDade no dio con la causa en aquel momento y una sensación de fracaso se había apoderado de toda una institución como era y es el CDC, sobre todo por la presión mediática, social y política de la época.

POST011-Composicion

Hotel Bellevue Stratford lugar en que se celebró la convención de legionarios americanos y donde tuvo lugar el brote que permitiría el descubrimiento de Legionella pneumophila.

Pero lo que iba a motivar a McDade a darle otra vuelta de rosca al misterio, no fue esa presión, de la que estaba protegido en los confines de su laboratorio. Fue la exposición directa al comentario de un desconocido ebrio en una fiesta, cuatro meses después. La decepción “etílica” de este anónimo con el CDC, por el misterio no resuelto de los legionarios, activó en McDade la frialdad metodológica y compulsiva de un investigador que sospecha que algo se le había pasado por alto en las pruebas.

Como ocurre en bastantes casos, McDade había dado por sentado algunas cosas aprendidas, pero había anotado todo, incluso detalles insignificantes; y uno de esos detalles no lo era: la presencia ocasional en las muestras de un bacilo, tan raro que todos lo habían descartado antes, pensando que era un contaminante extraño. Y la grandeza de McDade fue cuestionar lo que había dado por sentado, desaprender para aprender, dentro de su conducta de revisión compulsiva sobre su propio trabajo. Rescató los frotis de tejido de conejo de indias que habían sido inyectados con tejido de enfermos. En uno de esos vistazos al microscopio, McDade encontró un cluster de esos bacilos, una disposición que le hizo pensar que se replicaban allí.

POST011-Cluster Legionella

Cluster (en rojo) de los bacilos observados por McDade en muestras de tejido

A McDade le atormentaba pensar tanto en este asunto. La necesidad de encontrar una respuesta llevó a su laboratorio al intento de hacer crecer aquellas formas bacilares. Inyectaron en huevo de gallina tejido de conejo de indias que a su vez había sido inyectado con tejido pulmonar de enfermos por el brote. Cuando los huevos infectados murieron, McDade examinó las muestras a través de una preparación y tinción especiales. La fluorescencia de los montones de bacilos que llenaban el campo microscópico debió ser como una luz que de repente anuncia el final de una gruta oscura, larga y tortuosa. Cuando comprobaron que las muestras de sangre guardadas de los muertos contenían anticuerpos frente a estos bacilos desconocidos, y que no los tenían las muestras de sangre de enfermos en etapas tempranas, McDade y su equipo, una noche ya muy tarde, comprendieron que la bacteria era la respuesta al misterio de la enfermedad de los legionarios.

POST011-Fluorescent Legionella

Bacilos fluorescentes crecidos en huevo de gallina, observados por McDade

McDade aprendió una lección importante, según el mismo reconoce. No solo se trata de hacer las pruebas adecuadas y hacerlas bien. Se trata de saber qué pruebas y por qué. Esta lección es válida hoy en día. Si no te estás haciendo las preguntas correctas, la información que obtengas y por la que probablemente estés pagando no necesariamente será útil.

Si la conducta compulsiva de McDade le llevó a resolver el misterio del Hotel Bellevue, la solución del misterio en sí desencadenó en McDade una nueva idea, la importancia del conocimiento colectivo y de la colaboración. Una idea que aún hoy en día nos cuesta asimilar. Llevado por esa idea, McDade lanzó en los años 90 una de las primeras revistas con acceso abierto en línea, Emerging Infectious Diseases, de la que fue editor durante cinco años. “La idea era mejorar la comunicación en el mundo emergente de las amenazas, y funcionó muy bien y rápidamente”, dijo.

POST011-McDade Conference

31 de Agosto de 2016, Presentación “History, Mystery, and Discovery: 40 Years of Legionnaire’s Disease,” por el Dr. David Fraser y el Dr. Joseph McDade (en la foto), conmemorando el 40 aniversario del descubrimiento y diagnóstico de la legionelosis.

Estamos seguros de que, en efecto, todo funcionará muy bien y rápidamente, cuando aprendamos esa idea tan sencilla del hombre que resolvió el misterio del Hotel Bellevue hace 41 años.

Joseph McDade no dio por resuelto un puzle lleno de resultados negativos hasta que encajó la última pieza que hizo cobrar sentido al conjunto.

(English video, McDade Conference: https://www.youtube.com/watch?v=ALZyly9_l4w&sns=em)

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

 

 

Legionella en Spa: Salutem per Aquam sine Morbus per Auras

El 26 de Octubre de 2015 el Ministerio de Sanidad autorizó por escrito el método Legipid® para la determinación de Legionella spp en el ámbito del Real Decreto 742/2013. Esta normativa establece los criterios técnico-sanitarios de spas, jacuzzis y piscinas de natación exteriores o interiores. Los laboratorios pueden utilizar kits que cumplan  con la norma UNE-ISO 17381. Y el método Legipid® la cumple.

Esto significa VENTAJAS porque al laboratorio le basta poco más de una hora para disponer de hasta 20 resultados utilizando el recurso de 1 sólo analista. Pero también significa que ahora puede ofrecer a su cliente un valor añadido que otros competidores no pueden: rapidez y oportunidad de decisión sobre su instalación.

En estos 17 meses ya hay empresas que con este método proporcionan niveles de prevención sanitaria que evitan la aparición de alarmas sanitarias y crisis que, además de perjudicar la salud de los clientes y usuarios, deterioren la imagen y los resultados económicos de los titulares de este tipo de instalaciones, incluidos los hoteles.

Hay 150 millones de usuarios de spa activos en todo el mundo y España es el sexto país consumidor de spa. Atender esta demanda creciente requiere el funcionamiento de la instalación casi los 365 días del año. Un momento especialmente complejo puede ser el cierre de la instalación y el tiempo de espera a la obtención de resultados analíticos para la reapertura. El método Legipid® también puede reducir el coste de parada porque el resultado analítico se obtiene en horas en lugar de días o semanas, como ocurriría si el método aplicado fuese el cultivo tradicional.

Que el término spa signifique “Salutem Per Aquam” (la salud a través del agua) en lugar de “Morbus per Auras” (la enfermedad a través del aire) depende de un mantenimiento y control adecuados de la instalación. La aireación, las altas temperaturas y la amplia variabilidad de carga orgánica en un spa sugieren la dificultad de mantener un cierto nivel de biocida. De hecho, hay brotes en spas que siguen las instrucciones de administración del biocida. Moore y sus colaboradores estimaron en 2015 que la probabilidad de infección por Legionella pneumophila podía llegar a un 65-76 % en spas domésticos.

Reducir este riesgo descansa en un buen mantenimiento y limpieza de la instalación así como en un control rápido y recurrente de la concentración de Legionella en el agua del spa. En un relajante baño de 15 minutos, la Legionella y el usuario pueden encontrarse en una franja de 10 cm por encima de la línea del agua, porque es aquí donde se presentan gotitas respirables entre 1μm y 8 μm, adecuadas para transportar Legionella (y otros patógenos) y llegar al tracto respiratorio profundo, en alguno de los 180 ciclos respiratorios por usuario que en ese tiempo se producen. Una burbuja arrastra bacterias en su camino hacia la superficie, dónde las acumula, y cuando estalla produce estas finas gotitas de agua donde quedan contenidas, en un número hasta 20 veces mayor que en el agua. Así que si tenemos suciedad en una mezcla de agua y aire, hay una cierta probabilidad de enfermar al tiempo que se reduce nuestro estrés.

Legipid® está mejorando la prevención de Legionella en los spas. Esto nos ha llevado a proporcionar un sello que acredite el interés del titular por garantizar un nivel de prevención sanitaria.

Sello_Legipid_BIOTICA

Fig. 1: Sello que acredita el programa de autocontrol y prevención en materia de Legionella de un establecimiento.

Si te pasas el día pensando, dándole vueltas a todo, y terminas en un spa, nuestra misión es ayudar a que te relajes sin riesgos. No pagas para contraer enfermedades.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

Legionella, Bacterias Kamikazes y Cáncer

La idea de crecer bacterias en un recipiente para tomar con recurrencia porciones equivalentes y desechables de esa suspensión activa y aplicarlas a una medida biológica subyace al desarrollo de un biosensor para la determinación de la demanda bioquímica de oxígeno (DBO) que un grupo de atrevidos patentamos hace 20 años, con el número de patente WO1998053090A1. Las posibilidades de utilizar cíclicamente las bacterias como sensores altamente conservados, reproducibles y auto-regenerables era un campo fascinante dentro de la biotecnología.

Dos años después, en el año 2000, nacía un campo emergente llamado biología sintética, cuando a Jim Collins se le ocurrió insertar un circuito genético en la bacteria E. coli (http://dx.doi.org/10.1038/nrmicro3239 ). Y es que esa fascinación antes referida no solo sigue vigente hoy en día, sino que con la llegada de la denominada biología sintética, alimenta el esfuerzo de otros grupos para utilizar cíclicamente bacterias vivas con fines terapéuticos.

El uso de elementos sensores renovables es también la característica esencial del test Legipid® para la determinación rápida de Legionella. Aquí se trata de esferas magnéticas tapizadas por anticuerpos. Estos anticuerpos se unen a las moléculas de la superficie de Legionella (los antígenos). Esta suerte de “velcro molecular” permite capturar la célula de Legionella, que queda pegada a la esfera. Un imán se encarga de separarla para medirla por una reacción de color. Estas porciones de esferas captoras, equivalentes entre medidas y desechables (o reutilizables con otros fines) son la expresión de una “superficie sensora renovable” en un biosensor para aguas. Aquí podéis ver un vídeo sobre el proceso.

También con el propósito inicial de desarrollar un biosensor acuático, en la Universidad de California San Diego y el Instituto Tecnológico de Massachusetts han programado en 2016 relojes genéticos en bacterias para conseguir un comportamiento cíclico. Pero este objetivo ha virado hacia un propósito terapéutico y ahora las bacterias programadas  producen una sustancia anti-cancerígena, se auto-destruyen  y liberan esa sustancia, llevándose por delante células humanas cancerígenas.

Estas bacterias son pequeños quimio-terapeutas sincronizados por una pequeña molécula denominada AHL, que pasa muy bien de unas células a otras y “pone de acuerdo” la comunidad microbiana para que por encima de una cantidad de AHL se active el gen suicida, y sobreviene así un suicidio bacteriano colectivo y sincronizado por “quorum sensing”, cuando la cantidad de bacterias es de unos pocos miles de células. El momento de la sincronización ha sido visualizado haciendo que se produzca también una proteína verde fluorescente, y resulta sencillamente espectacular (https://youtu.be/fnpIIZrjMtM ).

Es una destrucción biológica masiva que habilita la liberación local de una carga útil de sustancia anti-cancerígena. Las pocas bacterias que sobreviven restauran la comunidad y crecen hasta que la molécula sensora alcanza el nivel en que de nuevo se activa la transcripción sincronizada de una proteína de lisis.

Lo que hoy se sabe es que el tamaño del tumor en ratones se reduce y aumenta su esperanza de vida. Pero no se ha conseguido que ninguno sobreviva. Hay que resolver problemas. La estabilidad de los circuitos genéticos insertados frente a las mutaciones, las posibles combinaciones de varias proteínas terapéuticas, y como aplicar estas terapias a los humanos son retos que van a llevar muchísimo trabajo. Mientras los robots revolucionan la política fiscal y se discute si deben pagar impuestos, es posible que en unos 5-10 años veamos dónde ha llegado esta visión cibernética de lo biológico, con al advenimiento de nuevas herramientas moleculares como la tecnología CRISPR/Cas9, para “editar” o “modificar” el genoma de cualquier célula. Unas tijeras moleculares que pueden impulsar la biología sintética.

Es un momento interesante.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

Las Primeras 48 Horas del Brote de Manzanares

A diario se transmiten en el mundo más de 500.000 millones de correos electrónicos. Más del 80% son «spam» distribuidos masivamente por robots. Pero el correo que llegó al Servicio de Epidemiología aquel viernes 11 de diciembre de 2015 lo había enviado la Sección de Epidemiología de Ciudad Real. A las 14:00 horas de aquella tarde, varios usuarios leerían ese correo, que comunicaba dos casos de legionelosis en Manzanares. Dos horas después había dos casos más. Con los protocolos activados, los días se sucedieron con la aparición de nuevos casos, hasta un máximo diario de 75 casos en el séptimo día.

La Agencia para el Medio Ambiente y el Control de la Energía nos diría que el envío, descarga y consulta de ese correo pudo producir el equivalente a algo menos de 19 gramos de CO2. Un coste energético que iba a quedar muy diluido en los costes de los siguientes 54 días, tiempo que duró el brote de legionelosis con mayor tasa de ataque en la historia de la enfermedad.

En un brote concurre una investigación ambiental, una epidemiológica y una microbiológica, y el tratamiento de los afectados. El coste de un brote de 14 casos en Londres se estimó en unos 790.000 euros (Lock K et al. Public health and economic costs of investigating a suspected outbreak of Legionnaires’ disease. Epidemiology and Infection. 2008;136(10):1306-1314). Solo los 676 días equivalentes de hospitalización en el brote de Manzanares puede haber supuesto, a grosso modo, 1.6 millones de euros.

Sobre una población de 18.642 personas, una cifra que apenas llenaría una cuarta parte del estadio Santiago Bernabéu, en la “foto” de este brote salen 593 casos declarados, 277 casos confirmados, y 4 fallecidos. Pero su tasa de letalidad fue baja, de un 1.4 %, y la curva de casos descendió acusadamente desde el séptimo día, y se interrumpió a partir del día de Navidad.

¿Por qué no fue más elevada la tasa de letalidad?

Es probable que aquel viernes aciago, la decisión de parar las instalaciones hasta la obtención de resultados analíticos y, en caso de resultado negativo, volver a funcionar con un tratamiento previo, tuviese gran parte de la respuesta. Un momento de epifanía para el uso de técnicas rápidas.

Porque el primer laboratorio en identificar positivos – el laboratorio Regional de Salud Pública de Talavera de la Reina-, lo hizo en las primeras 48 horas del brote y mediante un método rápido de separación inmunomagnética (SIM). Un método que proporcionó resultados en el mismo día de la toma de muestra o a lo sumo al siguiente. Las instalaciones sospechosas fueron rápidamente identificadas y otras fueron descartadas. Las que volvieron a funcionar lo hicieron ante un resultado negativo obtenido en horas, y eso ha podido reducir los costes de parada. Los costes de parada podrían variar entre 3.750 y 15.000 euros por hora.

Este brote fue complejo. Suele serlo. Simultaneidad de varias cepas implicadas, la dificultad de su aislamiento por cultivo, sobre todo en las muestras muy sucias o procedentes de instalaciones con mal mantenimiento, una identificación genética incompleta, o la posible existencia de varios focos, entre otros, son factores que dificultan y mucho la identificación certera de la causa del mismo.

Pero si la identificación del foco es tan improbable como crítica resulta para determinar responsabilidades, actuar con prontitud en las primeras horas del brote e identificar los focos sospechosos, es también crítico para reducir el tiempo de exposición de la población. Aquí es dónde una técnica rápida se ha mostrado útil en situación de brote. El uso de SIM permitió no solo reducir el tiempo de exposición al identificar con prontitud lo focos sospechosos, sino también, facilitar el trabajo epidemiológico y con él la localización y el tratamiento de la población afectada.

Si estas técnicas se incorporan en rutina, los titulares de instalaciones de riesgo tendrán un formidable aliado para conocer la salud de sus procesos y evitar que otro correo electrónico llegue a un despacho oficial, con una misiva que anuncia la posible tragedia de la pérdida de vidas humanas. Porque ese es el correo electrónico que un inspector puede llevar en su carpeta el día que llame a la puerta con la intención de hacer su trabajo.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

El Caballo de Henry

En 1896 Henry Ford ya tenía sus primeros prototipos de coches sin caballos. Cuando le preguntaron por su trabajo, dijo que si hubiese preguntado a los demás qué necesitaban, le hubiesen dicho “caballos más rápidos”. Pero es un error pensar que el cliente no sabe lo que quiere. Puede expresarlo mal o no dimensionar la importancia de lo que necesita, pero en el fondo lo sabe. La necesidades expresada: “Queremos caballos más rápidos” se corresponde con la necesidad implícita: “Ford Modelo T” y ésta a su vez con una necesidad latente: “Viajar largas distancias a una mayor velocidad”.

La inercia como barrera a la innovación disruptiva, que señalaba Ford, pasa también en el campo de las ciencias de la vida. Y sobre todo puede pasar en microbiología. Trabajar adherido a las raíces del conocimiento microbiológico concretado en la colonia, es una posible barrera a la innovación. En la superficie de una placa se perfila la foto en sepia de una parte del contenido microbiano de una muestra, en un proceso de “revelado” que, para el microorganismo que nos interesa, es tardío y resulta en días. Aunque defendemos, como el primero, que el método de cultivo seguirá siendo útil para el aislamiento de la colonia y proporcionará con ello el material biológico necesario para abordar estudios genéticos, en la dirección de enlazar la causa con el efecto, el foco con la enfermedad. Un hecho este que sólo se alcanza en toda Europa en apenas un 57 % de los brotes. El futuro del control preventivo de Legionella no pasa por una placa, pero no la excluye.

En el post anterior descubrimos que Legionella podría estar viviendo una revolución de su biología, adaptándose a los escenarios creados por el ser humano, hospedador y quizá futuro vector del agente infeccioso. ¿Cuál va a ser nuestra revolución? Por lo pronto, abogamos por mejorar nuestro conocimiento de la ecología microbiana de Legionella en su estado salvaje, evaluar la eficacia de las medidas de control en condiciones reales, e introducir métodos rápidos independientes del cultivo. Y aquí tiene que devenir una revolución técnica, ni mucho menos dramática. En un entorno de cambio constante debido a los desarrollos tecnológicos, mucho cuidado, porque en microbiología la ausencia de cambio es lo que puede alterarlo todo. A peor.

La prevención no necesita “otro caballo más rápido”. Ni el método de cultivo puede serlo. Mientras algunos apuntan un aumento en el número de placas para mejorar la recuperación de Legionella, no justifica ese pequeña mejora el dispendio que tal estrategia supone, y menos desde el punto de vista preventivo porque es un enfoque ciego al problema de la determinación por cultivo para un fin preventivo: la lentitud de crecimiento para obtener la colonia y la interferencia por otros microorganismos. La necesidad implícita es una determinación rápida y fiable del microorganismo patógeno como célula intacta, sea o no capaz de formar una colonia, porque es la célula intacta la unidad potencialmente infectiva y porque el riesgo de infección se magnifica si no se reduce en lo posible el tiempo de exposición de la población al agente patógeno.

Dicho esto, un escenario futuro y cercano será el control retroalimentado y análisis rápido de puntos críticos en el conjunto de la instalación monitorizada. Porque la distribución de Legionella en una instalación no es uniforme y porque hay variaciones de carga impredecibles de Legionella en distintos puntos de la instalación, haciendo variable su concentración en el espacio y en el tiempo. Esto nos dibujará una superficie dinámica del nivel de Legionella, con positividades cambiantes con el tiempo, posiblemente más elevadas que las esperadas hoy para el cultivo, y el lapicero que la dibuje será una técnica rápida independiente del cultivo.

Con ese trazo será posible tomar decisiones oportunas y focalizadas en aquellas áreas que realmente puedan originar un problema. Esta es nuestra necesidad latente: “Medir de una forma rápida y fiable la cantidad de Legionella intacta y potencialmente infectiva para anticipar una prevención eficiente”

Desde esta posición podremos empezar a evaluar ecuaciones dosis-respuesta, las concentraciones relevantes de Legionella, la eficacia de los biocidas, el reparto de Legionella entre la fase acuosa y el aerosol, su relación con la cantidad de amebas, con los biofilms, etc.

Porque la necesidad es real y un “caballo más rápido” no la satisfará. Lo dijo Henry.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.