Las Primeras 48 Horas del Brote de Manzanares

A diario se transmiten en el mundo más de 500.000 millones de correos electrónicos. Más del 80% son «spam» distribuidos masivamente por robots. Pero el correo que llegó al Servicio de Epidemiología aquel viernes 11 de diciembre de 2015 lo había enviado la Sección de Epidemiología de Ciudad Real. A las 14:00 horas de aquella tarde, varios usuarios leerían ese correo, que comunicaba dos casos de legionelosis en Manzanares. Dos horas después había dos casos más. Con los protocolos activados, los días se sucedieron con la aparición de nuevos casos, hasta un máximo diario de 75 casos en el séptimo día.

La Agencia para el Medio Ambiente y el Control de la Energía nos diría que el envío, descarga y consulta de ese correo pudo producir el equivalente a algo menos de 19 gramos de CO2. Un coste energético que iba a quedar muy diluido en los costes de los siguientes 54 días, tiempo que duró el brote de legionelosis con mayor tasa de ataque en la historia de la enfermedad.

En un brote concurre una investigación ambiental, una epidemiológica y una microbiológica, y el tratamiento de los afectados. El coste de un brote de 14 casos en Londres se estimó en unos 790.000 euros (Lock K et al. Public health and economic costs of investigating a suspected outbreak of Legionnaires’ disease. Epidemiology and Infection. 2008;136(10):1306-1314). Solo los 676 días equivalentes de hospitalización en el brote de Manzanares puede haber supuesto, a grosso modo, 1.6 millones de euros.

Sobre una población de 18.642 personas, una cifra que apenas llenaría una cuarta parte del estadio Santiago Bernabéu, en la “foto” de este brote salen 593 casos declarados, 277 casos confirmados, y 4 fallecidos. Pero su tasa de letalidad fue baja, de un 1.4 %, y la curva de casos descendió acusadamente desde el séptimo día, y se interrumpió a partir del día de Navidad.

¿Por qué no fue más elevada la tasa de letalidad?

Es probable que aquel viernes aciago, la decisión de parar las instalaciones hasta la obtención de resultados analíticos y, en caso de resultado negativo, volver a funcionar con un tratamiento previo, tuviese gran parte de la respuesta. Un momento de epifanía para el uso de técnicas rápidas.

Porque el primer laboratorio en identificar positivos – el laboratorio Regional de Salud Pública de Talavera de la Reina-, lo hizo en las primeras 48 horas del brote y mediante un método rápido de separación inmunomagnética (SIM). Un método que proporcionó resultados en el mismo día de la toma de muestra o a lo sumo al siguiente. Las instalaciones sospechosas fueron rápidamente identificadas y otras fueron descartadas. Las que volvieron a funcionar lo hicieron ante un resultado negativo obtenido en horas, y eso ha podido reducir los costes de parada. Los costes de parada podrían variar entre 3.750 y 15.000 euros por hora.

Este brote fue complejo. Suele serlo. Simultaneidad de varias cepas implicadas, la dificultad de su aislamiento por cultivo, sobre todo en las muestras muy sucias o procedentes de instalaciones con mal mantenimiento, una identificación genética incompleta, o la posible existencia de varios focos, entre otros, son factores que dificultan y mucho la identificación certera de la causa del mismo.

Pero si la identificación del foco es tan improbable como crítica resulta para determinar responsabilidades, actuar con prontitud en las primeras horas del brote e identificar los focos sospechosos, es también crítico para reducir el tiempo de exposición de la población. Aquí es dónde una técnica rápida se ha mostrado útil en situación de brote. El uso de SIM permitió no solo reducir el tiempo de exposición al identificar con prontitud lo focos sospechosos, sino también, facilitar el trabajo epidemiológico y con él la localización y el tratamiento de la población afectada.

Si estas técnicas se incorporan en rutina, los titulares de instalaciones de riesgo tendrán un formidable aliado para conocer la salud de sus procesos y evitar que otro correo electrónico llegue a un despacho oficial, con una misiva que anuncia la posible tragedia de la pérdida de vidas humanas. Porque ese es el correo electrónico que un inspector puede llevar en su carpeta el día que llame a la puerta con la intención de hacer su trabajo.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

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