El Caballo de Henry

En 1896 Henry Ford ya tenía sus primeros prototipos de coches sin caballos. Cuando le preguntaron por su trabajo, dijo que si hubiese preguntado a los demás qué necesitaban, le hubiesen dicho “caballos más rápidos”. Pero es un error pensar que el cliente no sabe lo que quiere. Puede expresarlo mal o no dimensionar la importancia de lo que necesita, pero en el fondo lo sabe. La necesidades expresada: “Queremos caballos más rápidos” se corresponde con la necesidad implícita: “Ford Modelo T” y ésta a su vez con una necesidad latente: “Viajar largas distancias a una mayor velocidad”.

La inercia como barrera a la innovación disruptiva, que señalaba Ford, pasa también en el campo de las ciencias de la vida. Y sobre todo puede pasar en microbiología. Trabajar adherido a las raíces del conocimiento microbiológico concretado en la colonia, es una posible barrera a la innovación. En la superficie de una placa se perfila la foto en sepia de una parte del contenido microbiano de una muestra, en un proceso de “revelado” que, para el microorganismo que nos interesa, es tardío y resulta en días. Aunque defendemos, como el primero, que el método de cultivo seguirá siendo útil para el aislamiento de la colonia y proporcionará con ello el material biológico necesario para abordar estudios genéticos, en la dirección de enlazar la causa con el efecto, el foco con la enfermedad. Un hecho este que sólo se alcanza en toda Europa en apenas un 57 % de los brotes. El futuro del control preventivo de Legionella no pasa por una placa, pero no la excluye.

En el post anterior descubrimos que Legionella podría estar viviendo una revolución de su biología, adaptándose a los escenarios creados por el ser humano, hospedador y quizá futuro vector del agente infeccioso. ¿Cuál va a ser nuestra revolución? Por lo pronto, abogamos por mejorar nuestro conocimiento de la ecología microbiana de Legionella en su estado salvaje, evaluar la eficacia de las medidas de control en condiciones reales, e introducir métodos rápidos independientes del cultivo. Y aquí tiene que devenir una revolución técnica, ni mucho menos dramática. En un entorno de cambio constante debido a los desarrollos tecnológicos, mucho cuidado, porque en microbiología la ausencia de cambio es lo que puede alterarlo todo. A peor.

La prevención no necesita “otro caballo más rápido”. Ni el método de cultivo puede serlo. Mientras algunos apuntan un aumento en el número de placas para mejorar la recuperación de Legionella, no justifica ese pequeña mejora el dispendio que tal estrategia supone, y menos desde el punto de vista preventivo porque es un enfoque ciego al problema de la determinación por cultivo para un fin preventivo: la lentitud de crecimiento para obtener la colonia y la interferencia por otros microorganismos. La necesidad implícita es una determinación rápida y fiable del microorganismo patógeno como célula intacta, sea o no capaz de formar una colonia, porque es la célula intacta la unidad potencialmente infectiva y porque el riesgo de infección se magnifica si no se reduce en lo posible el tiempo de exposición de la población al agente patógeno.

Dicho esto, un escenario futuro y cercano será el control retroalimentado y análisis rápido de puntos críticos en el conjunto de la instalación monitorizada. Porque la distribución de Legionella en una instalación no es uniforme y porque hay variaciones de carga impredecibles de Legionella en distintos puntos de la instalación, haciendo variable su concentración en el espacio y en el tiempo. Esto nos dibujará una superficie dinámica del nivel de Legionella, con positividades cambiantes con el tiempo, posiblemente más elevadas que las esperadas hoy para el cultivo, y el lapicero que la dibuje será una técnica rápida independiente del cultivo.

Con ese trazo será posible tomar decisiones oportunas y focalizadas en aquellas áreas que realmente puedan originar un problema. Esta es nuestra necesidad latente: “Medir de una forma rápida y fiable la cantidad de Legionella intacta y potencialmente infectiva para anticipar una prevención eficiente”

Desde esta posición podremos empezar a evaluar ecuaciones dosis-respuesta, las concentraciones relevantes de Legionella, la eficacia de los biocidas, el reparto de Legionella entre la fase acuosa y el aerosol, su relación con la cantidad de amebas, con los biofilms, etc.

Porque la necesidad es real y un “caballo más rápido” no la satisfará. Lo dijo Henry.

Autor: Guillermo Rodríguez, Director Científico de Biótica.

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bioticalegionella

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